España, Mayo 2016, Capítulo 3: Las islas de Ibiza y Formentera

Ibiza

El día siguiente de mi regreso de una visita con un amigo, de Asturias, en el norte de España, partí con María, María Victoria y Miguel a la isla de Ibiza. Se trató de una mini excursión para los cuatro que nos patrocinó la AAA (Asociación de Amigos de la Arqueología) gracias a la fantástica gestión de María. Tuvimos varios días para explorar la isla de Ibiza, y uno más para la isla de Formentera. En Ibiza, visitamos sitios tan variados como un asentamiento fenicio del siglo VII a. C y una iglesia que data del siglo XVI.

Junto a la iglesia del siglo XVI había un cementerio que despertó mi interés. Además de los nichos apilados habituales, había tumbas con lápidas en inglés.  También había tumbas judías con rocas colocadas sobre las lápidas, tal como las que vi en el cementerio judío de Praga. Lo de poner rocas sobre las lápidas judías puede estar relacionado con la permanencia de la memoria de esta persona, en comparación con las flores que no duran.  Generalmente no se utilizan flores en cementerios judíos.  Otra tumba resultó peculiar por sus muchas rocas redondas, todas con corazones pintados.

El museo etnográfico contaba con un lagar de vino y un molino, pero lo que hallé más interesante fueron los maniquís vestidos con trajes típicos de la isla.

 

Visitamos el museo de arqueología y el director del museo nos ofreció personalmente una visita guiada, la cual María había concertado con él. Para mí, lo más interesante fue la prevalencia del dios Bes en la isla, ya que entre otras cosas está representado en las monedas antiguas que allí se acuñaron.  Aunque la isla era fenicia, Bes también fue importante para los egipcios. Bes era el protector de las mujeres, del parto y de los niños. En las monedas ibicencas aparece frequentamente levantando un martillo en una mano y una serpiente en la otra.

El museo se ubica junto a la necrópolis de Puig des Molins. En el museo hay un impresionante modelo de la necrópolis, con capas de plexiglás con anotaciones que se iluminan de una por una para indicar qué porciones corresponden a cuáles períodos. Las necrópolis son grandes cementerios antiguos.  He estudiado sobre amuletos antiguos y me resultó interesante saber de la boca del director que, en esta necrópolis, los muchos amuletos que se encontraron provenían solo de las tumbas de las mujeres y los niños; jamás de las de los hombres.

Tuvimos un excelente almuerzo costero, tras el cual preparamos una queimada isleña. La queimada es una tradición harto conocida en Galicia, en el noroeste de España. Su propósito en Galicia es alejar a los malos espíritus y las brujas. Se realiza con aguardiente y azúcar y se flambea antes de servirse. El aguardiente también se conoce como orujo y es semejante a un coñac claro o a un brandi. La camarera tuvo algunas dificultades para encender la queimada, debido al viento, pero al final resultó ser una manera adecuada de terminar una excelente comida con amigos.

Formentera

También en la isla de Formentera la arqueología fue nuestra prioridad. Vislumbramos tres asentamientos megalíticos datados entre 1900 y 1600 a. C. El Ca na Costa fue un sepulcro megalítico redondo del mismo período. Después visitamos Can Pins, un asentamiento romano y torre, del Imperio Romano temprano. Mientras recorríamos la isla, encontramos algunos molinos de viento viejos, un par de faros y un mercadillo. En una punta de la isla, Miguel me pidió que sacara una fotografía de una gran bandera pirata que se encontraba en un restaurante playero, y así lo hice. ¡Afortunadamente, no me pidió que sacara fotos de la playa nudista que pasamos!

De vuelta en Ibiza

Luego del día en Formentera tratamos de empacar todo lo que pudimos, ya en Ibiza, antes de devolver el coche y dirigirnos al aeropuerto. Visitamos una casa del siglo XVII y sacamos muchas fotos. Luego visitamos Es Cuieram, fechada entre 425 a. C. y 125 d. C. Se trata de un santuario fenicio ubicado en una cueva en la cima de una montaña. Incluso hoy la gente deja ofrendas allí a la diosa Tanit. Pero me impresionó más el tipo que nos encontramos al pie de la montaña: un alemán que todos los años visita Ibiza para continuar sus estudios. Sostiene que ha determinado que existen líneas energéticas que conectan los sitios sagrados de la isla, y coloca pequeños viales de agua en cada sitio por un día o dos para que absorban esta energía sagrada. Luego, de regreso en Alemania, utiliza sus equipos para analizar esta energía y realizar cálculos para corroborar sus teorías. El mapa aquí mostrado es lo que él utilizó para marcar estas líneas de energía sagrada.

Nuestra última parada, luego de virar por el camino equivocado y tener que quitar de nuestra lista un sitio arqueológico, fue un grupito de casas de la Edad Media que María tenía curiosidad por visitar, gracias a una lectura. El problema es que no nos encontramos ninguna señal para llegar, con la excepción de una que rezaba «Font (fuente) de Baláfia». Yo quería tomar ese camino de terracería, pero aunque yo iba conduciendo, mis tres navigadores insistieron que si ese camino llevaba al pueblo, el letrero lo indicaría, en vez de mencionar a una fuente. Nos detuvimos en un restaurante e interrogué a la camarera, y ante el descrédito de mis acompañantes, volvimos al restaurante para que Miguel pudiera hablar con los encargados. Confirmamos que la señal indicaba que el camino de terracería nos llevaría a nuestro destino y partimos hacia allí.

DSC04560

Este camino era de apenas un carril, con muchos baches y murallas de piedra en ambos lados. Si nos hubiéramos encontrado con otro coche en dirección contraria, uno u otro hubiera tener que dar marcha atrás. María Victoria expresó su temor de que nos quedáramos sin tiempo para regresar al aeropuerto, y de que si se nos reventaba un neumático nos quedaríamos varados. A ello respondí que teníamos un neumático de repuesto y que sí que contábamos con el tiempo necesario. María y Miguel parecían dispuestos a continuar, y así lo hicimos.

Al final llegamos a un grupo de cinco casas medievales con dos torres de refugio. Daba para sacar muchas fotos, pero la visita fue breve. Devolvimos el auto y fuimos al aeropuerto para volver hacia Madrid.

Más amigos y comida

Me quedaban unos pocos días antes de volver a los EE. UU., y otros cuantos días allí antes de embarcarme un mes a Perú. Me reuní con mi amigo José y algunos otros para una visita y almuerzo.  José nos contó que esa mañana en el metro observó a un grupo de personas que regresaban a casa luego de una despedida de soltero. El novio estaba vestido como un gran falo, con todo y los testículos, y los seis padrinos estaban disfrazados de espermatozoides. ¡Sí, en el metro, lleno de gente camino de sus trabajos!  Y nadie prestó mucha atención.

Esa noche me reuní con José Luis para comer tapas en nuestro bar favorito de la Plaza Mayor. Esta vez fuimos con Miguel, uno de los directores para los que trabajé. Miguel nos trajo a cada uno un ejemplar de dos libros que ha publicado. Uno de ellos, El Madrid de los Austrias, comienza en Madrid en el siglo XVI con Carlos de Gante. Esto en especial despertó mi interés, porque mi bisabuelo llegó a los Estados Unidos desde Austria.

El otro libro de Miguel, La arquitectura de la Sierra Negra de Guadalajara, también es interesante. El término «negro» que se aplicó a esos pueblos hacía referencia a la pizarra y la piedra con las que se edificaron sus casas. Hace algunos años, otro amigo, Fred, me había llevado a algunos de esos pueblos abandonados, a los que arribamos tras muchas horas de manejo en caminos de terracería.

Conversamos sobre el estado de las negociaciones salariales de los controladores de tráfico aéreo. Me acordé de que en 1992 hubo grandes concesiones y aumentos salariales con estos trabajadores para asegurar que no hubiese problemas durante los Juegos Olímpicos. Creí que se garantizaría que estos incentivos duraran, lo que casi les doblaría el sueldo, pero Miguel comentó que los aumentos estaban ligados a la cantidad de tráfico que gestionaran, lo cual ha disminuido con el paso de los años y ha agitado a los controladores. Hace algunos años hubo una amenaza de huelga (sí, en España es legal: ¿recuerdan los despidos de Reagan?…) y el ministro decidió encarar al sindicato. España ha estado en lo que ellos llaman su «crisis» por muchos años, con tasas de desempleo de más del 20 %.  Así que, sabiendo que el público no estaría del lado de los controladores si se enterara de lo que ganan (más de 200 000 euros al año más bonos por la cantidad de tráfico), el ministro publicó los salarios de cada uno de ellos, sin los nombres. No hubo huelga.

Antes de volver a Atlanta me quedaba una visita por realizar. Durante mi primer domingo en la Plaza Mayor de Madrid, estuve con Antonio, el hiteniense, que iba a vender sus monedas en el mercado de filatelia. Antonio recitó poesía del Libro de Buen Amor, obra de la Edad Media, y nos compartió algunos refranes. Nos invitó a José y a mí a visitar su casa de Hita para comer. ¡Vaya salida! Buenos amigos, buen vino y buena comida, todo ello acompañado por muchas historias y bromas: de esto se trata la España sensual. Visitamos la bodega de vino de Antonio él, su esposa Antonia, su tocayo, su hermano Isidoro, su amigo Ángel, un vecino, Pablo, José y yo. Había cuatro barriles de vino de distintas añadas y muchas, muchas botellas colocadas en compartimientos individuales. Comenzamos con algo de vino de 2016, tomado de un gran depósito. Luego nos servimos un jarrón (o más de uno) de vino de 2004, luego de 2001 y por último de 1997. Me pregunté si no habíamos hecho la degustación al revés, porque el mejor vino suele servirse primero, y ya cuando los participantes están más piripis y son menos exigentes al paladar, se sirven los vinos de menor calidad. El vino venia acompañado con morcilla, chorizo, queso, y pan.

¡Y eso fue nada más que el comienzo! La comida propiamente dicho lo tuvimos nada más subir las escaleras. La buena compañía incluyó más comida excelente, refranes, bromas e historias de guerra. Antonia, la esposa de Antonio, preparó una comida impresionante, que resultó tan satisfactoria como la camaradería. Después de comer y reposar un poco, todos nos dirigimos a la casa del otro Antonio para apreciar las impresionantes puertas de su biblioteca y su bodega. Esta bodega contaba con muchas tinajas (vasijas de barro enormes) que en algún punto fueron utilizadas para fermentar el vino y ahora están en desuso. Y sí que son enormes: 1,80 metros; miren la foto. Regresamos a Madrid, y por la tarde me encontré con otros amigos para ver monedas. El día siguiente fue mi cumpleaños y volví a Atlanta.